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La historia de la América
Latina está llena de injusticias infernales a los que tienen buenas
intenciones. Una de ellas es la del Chile de la Unidad Popular, que cronológicamente
dura 3 años (1970-1973), pero que en la memoria de muchos durará siglos.
Salvador Allende representó
el sueño de un pueblo. Fue electo el 4 de Septiembre de 1970 con el 36,3%
de los votos, por escaso margen ante el candidato de derecha, Alessandri. Así, por
primera vez en Chile llega al poder un gobierno para el pueblo,
representado por ministros obreros, comunistas y socialistas. Un gobierno
antiimperialista.
El gobierno de Allende se
dedicó a acabar con los monopolios que sólo traían hambre, de dar
tierras a los campesinos (Las tierras se hallaban en manos de 4,2% de la
población), y de combatir la pobreza (Un 2% de las familias chilenas
acaparan más del 46% de los ingresos de la nación, mientras que un 60%
de las familias sólo llega al 17% de los mismos). Mientras tanto, tenía
como meta matar la desnutrición (1.500.000 niños estaban desnutridos;
25.000 mil morían anualmente por ello), a la vez que se encontraba con
una economía estancada, un país desnacionalizado, y un
endeudamiento enorme.
Las medidas del gobierno de la
Unidad Popular son rápidas: se implementa ya en noviembre de 1970 el
medio litro de leche diario para los niños, con esto se logra disminuir
el 20% de la mortalidad infantil en menos de un año; además, 1.800.000
niños reciben diariamente desayuno y 600.000 almuerzo, todo un suceso. Se
decreta la enseñanza escolar gratuita, así asciende de 35.000 escolares
en 1970 a 210.000 en 1971. Son entregadas tierras a 50.000 campesinos (Se
le expropian 4.000 latifundios con 8.900.000 hectáreas). Se extiende el
Seguro Social (Del 72% de los trabajadores pasa a más del 90%). Se
aumenta el salario de los trabajadores en más de un 66%. Se emplea a
260.000 de los 300.000 desocupados al comenzar el gobierno. Se congelan los alquileres
y se construyen viviendas. Sin embargo, lo más importante es que se
nacionalizan varias empresas: la de cobre (la que sustenta al país), el
consorcio telefónico estadounidense ITT, la minería del salitre, todas
las fábricas textiles y de cemento, entre otras. Rápidamente, el consumo
de productos se hace mayor, y el pueblo puede acceder a alimentos básicos
como el azúcar (aumenta adquisición 37%) y la papa (aumenta adquisición
55%); como también la
producción se eleva, y en el primer año del gobierno de la Unidad
Popular, el producto nacional aumenta el 8,5% (durante los seis años
anteriores no llegó al 2%). En fin, en los tres años de gobierno (apenas
3 años), se escolarizan a más de 800.000 niños, se duplica el número
de estudiantes universitarios, se le entregan 58.000 hectáreas de tierra a los indígenas...
todo un suceso.
Chile también tiene una
activa labor en el ámbito internacional. Entabla relaciones diplomáticas
y económicas con Cuba, República Popular China, República Democrática
Alemana, República Democrática de Vietnam, la República Popular de
Corea, Unión Soviética, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Yugoslavia,
Hungría, Argentina, Ecuador, Perú, Méjico y Venezuela. Así, obtiene
gestos de solidaridad internacional de países como Cuba, RDA y la URSS.
Además, obtiene el control de su soberanía, por lo que EE.UU. pierde 3
bases en su territorio: Cintero, Punta Arenas e Isla de Pascua. En
consecuencia, países pro-EE.UU. rompen relaciones con Chile, como es el
caso de la RFA.
Pero allí mismo comenzó la
conspiración. El libro “Chile: Libro Negro”, sintetiza los planes de
la reacción de la siguiente manera:
“Todos los hechos lo
demuestran: los monopolios estadounidenses y las grandes bancas
internacionales, la oligarquía y la escoria fascista interna, se unieron
en inmunda conspiración contra el progreso social y político.
Ya antes de que el presidente
Allende asumiera el gobierno, e intensificadamente después, los enemigos
de la Libertad y la dignidad chilena no pararon ante ningún medio para
impedir el programa de la Unidad Popular.
Su plan: Crear paulatinamente
el caos y escalar la violencia para abrir camino a un golpe militar.
Sus métodos: 1) Paralización
sistemática de las instituciones estatales y legislativas. 2) Sabotaje
económico, boicot; acaparamiento de artículos; organización de huelgas,
atentados y acciones terroristas. 3) Trajo de zapa en las Fuerzas Armadas
contra el gobierno constitucional; azuzar y estimular a todos los
elementos de la extrema derecha y pro-fascistas; corromper a los altos
mandos del ejército”.
Las compañías que logran
hacer el cerco económico son muchas,
pero las más importantes son: Consorcio Anaconda (Trasnacional que
explotaba el cobre antes de la nacionalización), Consorcio Kennecott
(Otra de las trasnacionales de cobre, pero con menor porcentaje de minas),
y la International Telephone & Telegraf (ITT; dueña de la red
telefónica chilena antes de la nacionalización, con monstruosísimas
inversiones). Otras compañías con menor importancia, pero que
participaron en el boicot, fueron: General Electric Company, General
Motors Company, Gulf Oil Company, Dow Chemical Company, Mobil
Oil Corporation, Phillips Petroleum Company, , Cerro
Corporation, Exxon, RCA Corporation, Farbenfabriken
Bayer (Alemana), Unilever, Olivetti, Royal
Dutch-Shell, entre otras.
Las tres principales empresas
tenían superganancias en Chile que aumentaron de 44 millones de dólares
en 1964, a 144 millones de dólares en 1968. “Antes de que el Dr. Allende
asumiera el gobierno, los consorcios estadounidenses sacaron de las minas
de cobre chileno 260 millones de dólares de ganancia al año. Para el
Estado, en cambio, quedaban escasos 35 millones de dólares.”
Mientras tanto, las familias
de la burguesía germanooccidental tenía
tierras de 5.000 hectáreas donde los campesinos chilenos eran explotados,
sin contar los otros 4.000 latifundios. A su vez, los salarios de los
trabajadores y obreros eran “de hambre” y tan sólo les alcanzaba para
comprar granos y arroz, siendo también vilmente explotados.
En fin, “Los hechos son
harto evidentes: También los grandes monopolios extranjeros veían en
peligro sus ganancias por las reformas y las transformaciones sociales
iniciadas por el gobierno de la Unidad Popular. No les gustaban en
absoluto los aumentos de salario ni los derechos de los obreros a la
participación, y mucho menos aún las medidas orientadas a nacionalizar
el rapaz capital foráneo. Esta es la razón por la que se encontraban
entre los interesados e instigadores del sangriento golpe.”
Pero fue la ITT la más
interesada en la conspiración antiallentista. Trató de evitar el éxito
de éste en los comicios de Septiembre de 1970, y la posterior selección
por el parlamento. Por último, dispuso un plan por parte del reportero
estrella de AP, Bob Berrellez (ahijado de la ITT), el 17 de Septiembre de
1970 al vicepresidente de la misma compañía:
“Una solución
constitucional, a modo de ejemplo, podría resultar de la intranquilidad
interna, huelgas, y estímulo de crisis en la ciudad y el campo. Esto
justificaría moralmente una intervención de las fuerzas armadas en un
momento indeterminado... Un general en retiro, Viaux, está en pie de
guerra para reprimir inmediatamente, así haya o no bases para ello.”
Así, se comenzaron varios
puntos, como la estimulación para la escasez de dólares en Chile, la
fuga de capitales por parte de las empresas nombradas, el dejar de comprar cobre a
Chile, aumento de la ayuda de dólares a los medios de comunicación ya
alineados (Como “El Mercurio”), suspensión exportaciones
norteamericanas importantes para Chile.
De esta forma, ya para 1971 la CIA con
colaboración de la ITT, tenía ya listo la “Operación Chile” o
“Plan Centauro”. De esta manera, se llevan a cabo varios atentados
contra Allende (15 de Marzo de 1971, 11 de Septiembre de 1972); se lleva a
cabo sin éxito de la toma a La Moneda (24
de Marzo de 1972); se levanta
el “Plan Septiembre”, que buscaba un alzamiento militar y
fracasa (17 de Septiembre de 1972); se introducen 1.500 agentes de la CIA
(Diciembre 1972); son cometidos atentados que buscan la guerra civil
(Agosto de 1973). El 10 de Septiembre de 1973, un semanario italiano dice
que el número de agentes de la CIA es tres veces mayor en ese año. Al
final, el 11 de Septiembre de 1973, ocurre lo que tanto habían anhelado
los EE.UU., se desata el golpe de estado fascista, se ataca y bombardea La
Moneda con el propio presidente dentro del palacio presidencial, se
producen toda clase de represiones y cientos de muertes en tan sólo
horas. Los militares, de la mano de Augusto Pinochet, asumen en el control
del gobierno. La “Operación Centauro” ha funcionado.
El plan funcionó. Se logró
porque tenía el apoyo de la burguesía y se obtuvo el respaldo de las clases
medias. Se logró el caos, y el boicot económico fue un éxito. Mientras
tanto, el acaparamiento se llevó a cabo a la perfección, y las
“marchas de hambre” por parte de las señoras bien nutridas y vestidas
tocando cacerola parecían mostrar que el presidente no tenía apoyo,
cuando mas bien el respaldo al presidente creció, como lo demuestran las
elecciones al parlamento de Marzo de 1973, donde el gobierno obtiene el
43,3% (7% más que en las elecciones de 1970), y en la marcha del 4 de
Septiembre de 1973, donde acudieron más de 800.000 trabajadores a apoyar
su gobierno.
Es asesinado Allende, La
Moneda es bombardeada. Las Fuerzas Armadas llevan a cabo una represión
monstruosa durante los tres meses de la Junta de Gobierno. Más de 30.000
personas murieron como consecuencia de la represión. El estadio Nacional
se convirtió en un campo de concentración donde eran llevados y
torturados a todos aquellos que olieran a comunistas, todas las noches se
escuchaban tiros y en las mañanas salían camiones enteros llenos de
cuerpos... en ese mismo instante, los soldados con las mangueras salían a
limpiar las lagunas de sangre. La represión fue brutal, tan asquerosa que
no quiero comentarla mucho. Se suspendieron los partidos políticos, se
prohibió la libertad de prensa. La casa del poeta y premio Nóbel Pablo
Neruda fue saqueada y destrozada, sus libros quemados. Víctor Jara murió
cantando en el campo de concentración, víctima de las torturas.
Estudiantes, curas, periodistas, médicos, miles de personas fueron
pasadas por las armas y torturadas. Los soldados que se rehusaban a
asesinar a la gente indefensa eran asesinados, las tropas que se alzaban
eran exterminadas. Dos mil carabineros fueron acabados al tratar de rebelarse
contra los militares fascistas en el poder. Todas las noches hay toque de
queda. Todas las noches se escuchan tiros. Chile parece el propio
infierno, pero la palabra venceremos parece cobrar vida en algunos.
Aumentan los precios, pero la palabra venceremos queda pendiente en la
garganta de Allende. Son privatizadas empresas, pero la palabra venceremos
la quiere como venganza Neruda.
Ellos esperan, todavía.
Darío Carpio
Caracas, 29 de Marzo de 2003
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