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Ideal Bolivariano

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El Porteñazo


Fábulas Venezolanas


Dos fábulas sin moraleja*

*Autoría de Aquiles Nazoa

Una vez había una oveja tan industriosa que se puso a tejer un sweter utilizando su propia lana.
En eso pasó  un gusano de seda y, viéndola tan industriosa, decidió que él no iba a ser de menos, y se puso a tejer una corbata utilizando su propia seda.
En eso llegó Rómulo Betancourt, y sorprendido de ver unos animalitos tan inteligentes, vistió al gusano con el sweter que había tejido la oveja, le puso a la oveja la corbata que había tejido el gusano, y los mandó ambos animalitos de regalo a Walt Disney para que hiciera una película.

Un caluroso día de verano el doctor Luis Beltrán Prieto se hallaba de paseo por el bosque, cuando al divisar un hermoso río se quitó las orejas y las dejó en la orilla con el propósito de darse un baño.
En eso llegaron a la orilla del río dos inteligentes castores que, necesitados de pasar a la otra orilla, decidieron embarcarse en una de las orejas, utilizando la otra como vela.
En eso apareció Rómulo Betancourt, y luego de amonestar severamente a los castores, les decomisó las orejas y se las mandó de regalo al presidente de la Grace Line.


Fábula Venezolana

González González, como ahora es constitucional, en un aire de emoción se apoderó de una constitución. Ya bajo de la tarima, una refinada señora ve al militar con la constitución y piensa que es un chavista, y grita: ¡Un infiltrado, un infiltrado!. Rápidamente al militar le caen tres tipos enflusados y cinco recién salidos de un gimnasio. Ya desfigurado, González González logra gritar su nombre, lo dejan de golpear, y lo alzan en hombros. Entonces, para evitar otros inconvenientes lanza la constitución y grita: ¡Viva la paz!, y todos aplauden. En eso pasa Chávez con su boina y, la señora para evitar inconvenientes, grita: ¡Militar, militar!. Ahí mismo, llegan  los hombres y lo alzan en hombros. Cuando González González se da cuenta que es el presidente, dice: ¡Ése es Chávez!. Inmediatamente, las personas lo bajan y están a punto de caerle, pero notan que lleva una constitución. Entonces ven que González González no tiene la carta magna y, asociando a lo que habían aprendido, le caen a González González en vez de a Chávez.


Ni tan fábula  

Una señora muy refinada que acudió a apoyar a los militares rebeldes en Altamira, gastó miles y miles de bolívares comprando banderas, cintas y un sin fin de cosas más, en ese aire de nacionalismo en que los opositores se compran hasta una constitución. Como había comprado tantas cosas, decidió repartirlas a los niños en su costosísima fiesta de Halloween


Fábula Venezolanísima

Enrique Otero, el famoso dueño de un diario nacional, recibió una carta en su oficina. Era la de un empleado de Recursos Humanos que, como no estaba de acuerdo con la línea editorial del periódico, le pedía la renuncia. Si no lo hacía, el señor amenazaba con parar las labores diarias, porque había logrado convencer a ciertos grupos. Otero, muy reflexivo, leyó atento la carta y ,al finalizarla, siguiendo los dictámenes de su conciencia, mandó a despedir al rebelde empleaducho.


Otra fábula de Altamira

Luego de examinar muy bien lo que mostraba el televisor, un señor se queda sorprendido ante una deducción suya. Mientras ve la gran diferencia entre los colores raciales, pero el mismo nacionalismo de las congregaciones en la Plaza Francia y Plaza Venezuela, se toca la barba y dice: ¡Mmm, que interesante!, los opositores, supuestamente muy venezolanos, se reúnen precisamente en un lugar del extranjeros... y con puros extranjeros.


Fábula Mediática

Un astrólogo en el 2000, como estaba pasando hambre, decide hablar que lo que viene en el futuro para el país es puro caos. Inmediatamente, es contratado por tres canales, dos revistas, y cinco periódicos le ofrecen una columna de opinión. Además, aparece en dos telenovelas y siete programas de opinión. El hombre, súper emocionado, empieza a predecir que el dólar subiría pero bajaría, y que Miquelena y Rosendo serían los héroes de la oposición. Los medios que lo contrataron, horrorizados al ver semejante barbaridad, deciden despedirlo. Uno de los despidientes, una noche en su cama piensa: ¡Como si fuésemos locos, apoyar a semejantes ladrones!


Fábula Meritocrática

Uno de los  actores estos que ahora son periodistas, como la oposición no consiguió inflar el problema de la meritocracia en la Fuerza Armada ni en PDVSA, apela desesperado a ver cómo está ese lío en Venezolana de Televisión. Luego de hablar con tres reporteros, dos camarógrafos y cinco directores de programación y diseño, las respuestas le resultan bastante parecidas. Todos dicen que no hay problemas, que todos son iguales, que son equipo, que nadie tiene privilegios. El actor periodista, luego de su fallido intento, publica en un programa de televisión un titular muy grande: “Venezolana de Televisión es castro-comunista”.

Todas las fábulas, a excepción de "Dos fábulas sin moraleja" (de Aquiles Nazoa), son de la autoría de Darío Carpio