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Mucha
gente pregunta qué es el ideal Bolivariano, ¿De qué se trata?, ¿En qué
se basa?, ¿Con qué sueña?. Sin duda, el ideal Bolivariano es eso por lo
que luchamos, lo que sentimos, lo que soñamos. Lo que nos da vida, lo que
nos da espíritu.
Sin
embargo, vamos a llegar un poco más al fondo. Definamos primero qué es
un ideal. Georges Politzer,
filósofo marxista, en su libro Principios
Elementales de Filosofía,
acota: “Quien
dice ideología dice, ante todo, idea. La ideología es el conjunto de
ideas que forman un todo, una teoría, un sistema o, hasta a veces
simplemente, un estado de espíritu”.
También es muy interesante cuando habla del factor
ideológico,
lo que define como “la
ideología considerada como una causa o una fuerza que actúa, que es
capaz de acción”.
Con estos dos conceptos tan concretos, queda bastante claro qué es una
ideología o, simplemente, qué es un ideal.
El
pensamiento de Simón Bolívar queda reflejado, súbitamente, en tres
documentos importantísimos. Estos son el Manifiesto de Cartagena, la
Carta de Jamaica y el Discurso al Congreso Constituyente de Angostura,
realizados en los años de 1812, 1815 y 1819, respectivamente. El
Libertador, en ellos, muestra de distintas formas su ideología, su
bandera, su camino a seguir. Si bien es cierto que el joven soñador de
1812 no se parece al señor filósofo lleno de malas y buenas experiencias
de 1819, su pensamiento es el mismo. El ideal Bolivariano es Bolívar, es
su sueño, es su consigna. Y es, sobretodo, su patria.
Muchos,
los que dicen y dirán que el ideal de Bolívar era sólo liberar y unir
países, están equivocados. El pensamiento Bolivariano va muchos más allá
y se adentra en la sangre del pueblo, aún cuando nació
en el seno de una familia aristocrática. Sin duda, podemos definir
al ideal del Libertador en un solo factor ideológico. Pero este factor
ideológico, se divide en muchos más. El primero de ellos que voy a
nombrar es uno de lo más importantes: El ser originales.
La época de Bolívar
no fue una época fácil. El pueblo, lamentablemente, estaba hundido en la
ignorancia, por muy triste que suene. Las mayoría gigante de la población
era analfabeta, acostumbrada a órdenes y creyente de toda clase de mitos
y leyendas. Los aristócratas, la clase ilustrada, eran quienes tenían el
poder para liberar al país. Pero como siempre, trataban de instaurar
estilos extranjeros en Venezuela y, aunque fracasaban, los volvían a
implementar. Bolívar fue el primero y el único que abogaba por buscar
estilos nuestros, que se adaptaran a nuestras condiciones, en vez de
copiar las recetas mágicas de los países desarrollados (En realidad, el
primero fue Simón Rodríguez, quien influyó mucho en la personalidad de
su discípulo, y este lo tomaría como bandera). Bolívar quería una
Venezuela original, con instituciones propias, con una constitución
propia. Lo había aprendido luego del fracaso de la primera República,
pero nadie más parecía haberlo hecho. Bolívar se alejó del idealismo
utópico y se adentró en la realidad de su patria. Quería y trató de
que amaramos lo nuestro, de que nos identificáramos con lo nuestro, y de
allí partiéramos a construir naciones: “No
somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes
y los españoles”,
dijo en el Congreso de Angostura. Todavía, aún a más de siglo y medio
de su muerte, seguimos copiando sistemas extranjeros, seguimos admirando
potencias desarrolladas, seguimos queriendo tierras que no nos quieren,
pero en nuestros complejos imaginamos que sí.
Otro
de los tantos factores ideológicos es la unión. Para Bolívar en la unión
está la fuerza, para Bolívar, la independencia no era suficiente. Y es
verdad, ¿Se lograba la independencia si todavía se mantenía la
esclavitud, la ignorancia del pueblo y las diferencias sociales?. Una nación
así, no duraría mucho. Bolívar quería formar naciones eternas, y por
eso soñaba con la unión: “Yo
deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación
del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.
Aún así, pensaba que era mejor que esta unión se realizara cuando los
pueblos cobraran mayor madurez: “No
puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una
gran república; como es imposible, no me atrevo a desearlo; y menos deseo
una monarquía universal de América”.
Sin embargo concertaba la unión de Venezuela y la Nueva Granada en un
solo país: Colombia. Bolívar concibió la unión como la pieza
fundamental para no dejarnos pisotear, para surgir, para que nuestras
naciones funcionaran:”Para
sacar de este caos a nuestra naciente república, todas nuestras
facultades morales no serán bastante si no fundimos la masa del pueblo en
un todo, la composición del gobierno en un todo, la legislación en un
todo y el espíritu nacional en un todo. Unidad, debe ser nuestra divisa”.
La
democracia constituye un factor ideológico importante en el Libertador.
Consideraba la democracia como la forma necesaria de gobierno en nuestra
república. El ideal Bolivariano nos transmite eso, la democracia como
base fundamental de la felicidad, de la soberanía, de la libertad: “El
sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de
felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de
estabilidad política”.
Y este era la democracia. Bolívar creía en la democracia y en las
elecciones. Creía en el sistema federal como el sistema democrático más
perfecto, que en esos tiempos era imposible de implantar, pero actualmente
es rentable. La constitución actual es federal: “El
sistema federal, bien sea el más perfecto y más capaz de proporcionar la
felicidad humana en sociedad, es, no obstante, el más opuesto a los
intereses de nuestros nacientes estados”.
Sin embargo, aunque el ideal Bolivariano nos señala que la democracia y
el sistema federal son valores fundamentales, nos enseña que los
gobiernos democráticos deben ser fuertes: “Para
que un pueblo sea libre debe tener un gobierno fuerte que posea medios
suficientes para liberarlo de la anarquía y del abuso de los grandes”.
Muy claro está que este gobierno fuerte no se trata de un gobierno despótico,
sino de un gobierno que acabe con el despotismo. El gobierno
debe ser fuerte: “Es
preciso que el gobierno se
identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los
tiempos y de los hombres que lo rodean. Si éstos son prósperos y
serenos, él debe ser dulce y protector; pero si son calamitosos y
turbulentos, él debe mostrarse terrible”.
El
antiimperialismo es un factor importantísimo.
Bolívar quería construir potencias, pero no imperios. Veía en
los imperios la injusticia y la maldad, por decirlo así. Lo había
presenciado con sus propios ojos en la coronación de Napoleón Bonaparte.
Construir grandes naciones era su meta, pero era enemigo de los imperios,
como lo era de la monarquías: “Los
Estados Unidos parecen destinados por la providencia de plagar de a la América
de miserias en nombre de la Libertad”.
Se equivocó un poco, no ha sido sólo a la América, sino a todo el
mundo. Los ejemplos más recientes han sido Iraq y Afganistán.
Un factor ideológico
vital es la educación. El Libertador sabía que la educación del pueblo
era la única forma para que las naciones avanzaran. La educación es la
base para que el país sepa qué es lo que le conviene, qué es lo que
necesita, cuál es su objetivo. Como había dicho antes, Bolívar vivía
en un país con un pueblo ignorante. Él fue el único que se interesó en
educar al pueblo. A los demás, quienes luego lo traicionaron y separaron
a Venezuela de Colombia, nunca les importó educar al pueblo. Sería con
la presidencia de Guzmán Blanco, casi cincuenta años después de la
muerte del Libertador, cuando la educación se declararía apenas pública
y gratuita. Y ése era el sueño de Simón, la educación popular. Ésa
era la clave para nuestro desarrollo, para nuestra felicidad: “La
educación popular debe ser cuidado primogénito del amor paternal del
congreso. Moral y Luces son los polos de una República, Moral y Luces son
nuestras primeras necesidades”. El
pueblo pobre e ignorante iba a ser ahora rico en sabiduría.
Pero
la educación no sirve si no hay moral, y Simón sabía eso. En su
Discurso de Angostura, propuso el poder público más original y necesario
que haya existido: El Poder Moral: “Constituyamos
ese Areópago para que vele sobre la educación de los niños, sobre la
instrucción nacional; para que purifique lo que haya corrompido en la república,
que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la Patria, el
ocio, la negligencia de los ciudadanos; que juzgue de los principios de
corrupción de los ejemplos perniciosos, debiendo corregir las costumbres
con penas morales como las leyes castigan los delitos con penas
conflictivas”
. El Poder Moral velaría por estimular la virtud, por castigar el vicio y
orientar rectamente a la juventud. Era un poder público ideal, que iba a
funcionar mucho si se hubiese implantado. Quizás las traiciones no se
hubieran dado. El Poder Moral fue ignorado y considerado utópico, cuando
era la posible salvación de la República. Nuestro actual Poder Ciudadano
se basa en el Poder Moral de Bolíva. Luis José Acosta
Rodríguez, acotaría lo siguiente acerca de la función del Poder Moral:
“Señalar
ideales para orientar la ruta, buscar la perfección de la humana
naturaleza, hacer mejor al hombre y querer enrumbarlo hacia la acción
noble y beneficiosa apartándolo del vicio, del error y de la maldad”.
El
pensamiento bolivariano es hermoso, sin embargo no es un designio
profético que hay que seguir al pie de la letra. Bolívar cometió
errores como la Guerra a Muerte o la discutida presidencia vitalicia que
sugirió en la Constitución de Bolivia. Pero el pensamiento bolivariano
es útil entenderlo y estudiarlo, conocerlo y empaparse de sus ideas y
proyectos. Quizás no como filosofía de vida, pero sí como un código
histórico que no podemos obviar.
Darío Carpio
Caracas, 23 de Noviembre de 2002
Las
frases en cursiva no identificadas,
son de Simón Bolívar en los documentos nombrados
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