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El Porteñazo


Cuando se olvidaron de Venezuela

El 23 de Enero constituyó para Venezuela un camino nuevo llenos de esperanzas por ver a la Venezuela desarrollada y bonita que veía Simón Bolívar en la Gran Colombia. Todo el mundo estaba contento porque por fin estaba de vuelta la libertad, libertad que se saboreaba desde los primeros días de ese primer mes del año 1958. Toda la gente salía a las calles embriagada de alegría, mientras el Contralmirante Wolfang Larrazábal y Fabricio Ojeda aparecían ante el público que estaba por reventar. Los militares que le habían dado el apoyo todos esos años a Pérez Jiménez, ahora se lo habían quitado. Éste, casi solo, abandonó el país. Venezuela iniciaba una nueva etapa, la cual no se sabía en qué iba a terminar.

Pronto aparecieron de la nada los “líderes” que estaban en el exterior y regresaban al país como héroes: Rómulo Betancourt, el más sobresaliente, besaba el suelo venezolano que luego le quemaría la mano como el propio estigma de la corrupción. Aún así nadie se confiaba. Sucesos como ésos habían ocurrido muchas veces y siempre terminaban en un régimen dictatorial, pero parecía que los militares querían aventurarse esta vez al intento democrático. Y lo hicieron.

Varios intentos golpistas por algunos militares y eternas conspiraciones, mantenían el estado de tensión en el país, pero no pasó a mayores. Al fin, en diciembre de 1958 se hicieron las elecciones. Acción Democrática, sin duda el partido con más gente y poder, ganó las elecciones con Rómulo Betancourt. Pero fue un desastre pintado a las mil maravillas. El “Padre de la democracia” realizó una constitución y constituyó su gobierno con militantes de su partido, de COPEI y URD. Pero también, y siguiendo las órdenes de Norteamérica, rompió las relaciones diplomáticas con la Cuba comunista y provocó una profunda radicalización en el país que nadie nombra (ni nombró), que es la creación de las guerrillas tanto urbanas como rurales. Fabricio Ojeda, principal valuarte civil en la caída de Pérez Jiménez, se unía a las fuerzas guerrilleras. Poco tiempo después, era arrestado por la policía política, torturado y asesinado vilmente, bien parecido (O igual) que en los años perejimenistas.

Diarios que son cerrados, partidos políticos ilegalizados, garantías constitucionales suspendidas, presos políticos, balas, sangre y muerte, resumen los dos primeros períodos democráticos. Es comúnmente sabido pero muy poco comentado, que se produjeron más desapariciones y muertes políticas en los gobiernos de Betancourt y Leoni, que en la propia dictadura de Pérez Jiménez. Alberto Lovera, profesor izquierdista, es encontrado en las playas de Lechería, Estado Anzoátegui, en estado de descomposición. Miles de estudiantes universitarios son callados a disparos en cada manifestación por la Digepol. Adriano Gonzáles León, en su novela País Portátil, hace el retrato exacto de la situación venezolana. Mientras tanto, el pueblo era engañado con obras públicas, visitas de presidentes americanos y con bonitos discursos que hablaban de nuestra Democracia, además que era corrompido asombrosamente. Lo que se temía que llegara aquel 23 de Enero de 1958, lamentablemente había llegado. Los políticos que de alguna manera habían sufrido cárcel y habían vivido situaciones difíciles en las dos dictaduras de la primera mitad del siglo XX, ahora aplicaban (Y aumentaban) la receta gomecista y perejimenista. Se habían olvidado del pueblo, que quizás nunca llegaron a conocer. Se habían olvidado de la democracia, que probablemente nunca les importó. Se habían olvidado, en fin, de Venezuela.

Pero no sólo los dos primeros presidentes de nuestra democracia gobernaron tan despóticamente, si no, ya fuésemos una gran potencia Latinoamericana. Por lo tanto, Caldera (O el doctor Rafael Caldera, como lo suelen llamar) parecía ser la salvación. Un señor que hable varios idiomas, sea rico de cuna, doctor y con tantos conocimientos debería ser una persona bastante respetable, aún habiendo ganado por sólo 30 mil votos. Pero no, las mismas represiones y el cierre de la Universidad Central de Venezuela por un año y militarizarla, fue la recompensa a los jóvenes estudiantes. Aún así, el primer Gobierno de Caldera pasó desapercibido. Fue como que si alguien estaba gobernando, pero nadie se acuerda. Se puede comparar con un trompo: Se le dejó de dar vuelta al trompo, y este todavía andaba, pero poco a poco bajaba su velocidad. Caldera además, realizó los últimos arreglos para regalar el Esequibo, aunque se anotó una buena al solucionar el conflicto guerrillero.

Pero inevitablemente teníamos que llegar al primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Sin duda, con un gran carisma, Pérez convenció con sus largas caminatas a mucha gente de que era el hombre del pueblo y, con el apoyo de Betancourt, triunfó en las elecciones de 1973. Pero el “pero” del gobierno de Pérez, fue muy grande. Fue el comienzo descarado de la corrupción, no sólo por parte del estado y sus instituciones, sino también del pueblo. El Boom petrolero (Que empezó con la nacionalización del Petróleo) hizo surgir una cantidad bárbara de nuevos ricos que, al entrarle tanto dinero, comenzaron a desperdiciarlo y a botarlo, mientras otros se hundían en la miseria. La deuda externa aumenta de 1.200 a 11.000 millones de dólares, aún cuando los ingresos del Estado habían crecido enormemente. Un desorden o libertinaje se desató en las instituciones del país, mientras que el pueblo era engañado con las becas de Fundayacucho. Una etapa de destape, de derroche, de locura, fue la del ex presidente Pérez. Las consecuencias serían monstruosas, consecuencias que aún padecemos hoy en día, consecuencias que lo execraría de la historia política de Venezuela.

Luis Herrera Campins, copeyano, sería el sucesor de Pérez, y el que cargaría las consecuencias políticas, económicas y sociales de la administración de éste. Bajo la promesa reordenar el país y de construir un puente a la isla de Margarita, advierte que recibe un país hipotecado y, ya montado en el gobierno, dice que la construcción del puente es una obra imposible. La crisis no se hace esperar, y estalla bárbaramente. Medidas contradictorias como la liberación de los precios del dólar y su el posterior establecimiento del control de cambio, no reconocer la deuda y no comenzar a pagarla para luego hacer una refinanciación urgente, y el aumento de sueldos y salarios justo cuando decae el precio del dólar, llevan a Venezuela a una etapa oscura de su economía que se refleja en el Viernes Negro. La corrupción del gobierno es constantemente denunciada. La deuda externa se duplica (Llega a 20.000 millones de dólares), aún cuando se logran inaugurar el Teatro Teresa Carreño y el Metro de Caracas. Luis Herrera, que había ganado con un escaso margen de votos, cerraba su gobierno con una popularidad casi nula. Comenzaba la búsqueda del épico Mesías, y mucha gente creyó encontrarlo en la figura de Acción Democrática.

Le tocaba el turno a Jaime Lusinchi. Lo que comenzó como una esperanza terminó siendo un desastre. Más de 3.700.000 votos recibió Lusinchi. Lleno de críticas, que lo involucran no sólo a él en actos de corrupción sino a su secretaria privada (amante) Blanca Ibáñez, el señor Jaime quedó manchado de malversador y hasta genocida. Casos como los veinte Jeeps adquiridos para la campaña electoral de 1988, las irregularidades en el complejo habitacional Montalbán, y la Masacre del Amparo, en la cual fueron asesinados 14 pescadores en la frontera con Colombia, son los casos más resaltantes. Sin embargo, no queda duda que el mayor escándalo fue la promesa de pagar la deuda externa “hasta el último centavo”. La baja de los precios del petróleo, la crisis bancaria y, en fin, el mal momento económico que vivía el país, hizo que fracasara el financiamiento de la deuda. El nuevo acuerdo que, para Lusinchi se convirtió en el “Mejor Refinanciamiento del Mundo”, del que luego de conocerse la farsa, se lavó las manos diciendo: “La Banca me engañó”. De nuevo el pueblo se frustraba al no encontrar una persona que al menos asumiera sus responsabilidades, lo que le llevaría a uno de los más grises episodios de la historia venezolana: el segundo gobierno de CAP.

Carlos Andrés Pérez encuentra un déficit fiscal gigantesco y unas reservas en sus más bajas ubicaciones. De nuevo se acude al FMI y las medidas son la liberación económica, para lo cual se devalúa la moneda, se privatizan las empresas públicas, se eliminación de subsidios y se eleva el precio de las tarifas y precios (incluyendo gasolina), entre otras medidas neoliberales. El supuesto gabinete de profesionales calculó todo, sin tomar en cuenta pueblo. La escasez, los altos precios, el acaparamiento de productos por parte de comerciantes, producen un capitulo oscuro en la Venezuela contemporánea: el 27 de Febrero. Una protesta en la mañana de ese día en Guarenas, debido al aumento del pasaje del transporte, hace que no sólo los cerros comiencen a bajar en Caracas, sino que también la clase media salga a las calles. Los policías observan los saqueos, mientras las personas caminan por las calles con productos que van desde carnes, leche y otros alimentos, hasta colchones, neveras y lavadoras. Los saqueos se hacen violentos y se riegan por todo el país. El día 28 ocurre la tragedia, se suspenden las garantías y se decreta toque de queda. El Ejército arrasa con la población y produce temor y muerte. Las pérdidas materiales son muchas, pero los más de mil muertos (El gobierno dice que son 300) causan heridas imborrables en los venezolanos. El gobierno no altera su plan económico.

La mañana del 4 de Febrero de 2002 es diferente. Los adultos hablan muy bajo y hacen llamadas telefónicas. Algunos van a trabajar, pero muchos no. Los niños están felices porque no van al colegio. Luego, un señor moreno oscuro, vestido de militar y con una representativa boina roja sale en televisión. Un golpe de estado había sido controlado por el gobierno y el señor de la televisión admitía ser el líder de la rebelión, asumía su responsabilidad de golpista, y anunciaba que se rendía. Hacía muchísimo tiempo que alguien no asumía tan gigantesca responsabilidad, con la que podría cargas hasta con la muerte. La gente quería saber quién era ese militar. La televisión confirmaba que se llamaba Hugo Chávez Frías. El 27 de Noviembre se produce otra asonada militar, esta vez comandada por el Contralmirante Hernán Gruber Odreman, la cual fracasa. El gobierno entra en una decadencia de la que no puede salir. La idea de reformar sale al aire y, cuando se cree que está cerca de reformar la carta magna, todo se hecha para atrás. La hora de Pérez llega cuando José Vicente Rangel entrega las pruebas del uso indebido de 250 millones de bolívares de la partida secreta. El Fiscal General, Ramón Escobar Salom, pide el antejuicio de mérito, y la CSJ le da lugar. El Senado autoriza, y Carlos Andrés Pérez sale de la Presidencia. El nuevo mandatario es Octavio Lepage, presidente del Congreso.

Lepage dura dos semanas en el gobierno y el congreso aprueba que el historiador Ramón J. Velásquez sea el nuevo presidente. Se le otorga la Ley Habilitante y son modificadas varias leyes. Apoya la descentralización y su corto gobierno no tiene mucho de que hablar, aunque, paradójicamente, cae en el mismo problema de no asumir responsabilidades, y admite haber sido engañado cuando firma la liberación de un famoso narcotraficante.

Rafael Caldera, luego de su discurso tras el golpe del 4 de Febrero, y la promesa de sobreseer al Teniente Coronel Hugo Chávez, gana en unas elecciones donde las acusaciones de fraude fueron muchas, pero que no pasaron a mayores. Gris, como su primer gobierno, y pasando desapercibido aún cuando se sienten los efectos de la crisis, indudablemente el período de Caldera calma los ánimos agitados del país, cuando algunas no muy creíbles amenazas de golpe de estado siguen latentes.

La gran crisis financieras, con la cual salen impunes los banqueros involucrados, estremece al país. La alta inflación, la constante devaluación, elevación de precios y de la gasolina, exasperan a la población que es entretenida con la beatificación de la Madre María de San José y la visita del Papa Juan Pablo II. La libertad de expresión se ve claramente cortada cuando son suspendidos varios programas de José Vicente Rangel, y cuando es apresado un astrólogo por predecir la muerte del presidente Caldera, de 80 años para aquel entonces.

El 1998 las cosas cambian. Muy temprano, Irene Sáez, ex-miss Universo, es la que está en la punta, pero cae vertiginosamente al aceptar el apoyo de Copei. Es entonces cuando Hugo Chávez con el Polo Patriótico (MVR, PPT y MAS), comienza un imparable subida en las encuestas. La consigna “Constituyente”, aunque es ignorada por varios, es aceptada por todos. Chávez logra crear un gigantesco movimiento popular que lo llevará a la presidencia. Mientras tanto, el juego político se vuelve contradicciones. Henrique Salas Römer, con Proyecto Venezuela se sitúa segundo en las encuestas, aunque con una campaña agresiva y muy costosa, no logra siquiera acercase a su oponente Chávez. El desespero comienza con las división de las elecciones, por lo que las de gobernadores se hacen primero en Noviembre, y las presidenciales se dejan para el 6 de Diciembre. Agotando las últimas estrategias, AD y Copei deciden quitarle el respaldo a sus candidatos Luis Alafaro Ucero e Irene Sáez, respectivamente, y apoyar a Salas Römer, algunas semanas antes de las elecciones. Claudio Fermín decide retirarse como candidato.

Chávez gana con el 56% de los votos, mientras que Salas Römer queda con el 33%. El hecho produce gran celebración y festejos. 40 años de bipartidismo y una mítica democracia, se habían olvidado de Venezuela. Ahora, Venezuela se olvidaba de ellos.

Darío Carpio
Caracas, 26 de Octubre de 2002