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A los pueblos de Colombia
Colombianos:
Habéis presenciado mis esfuerzos para
plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con
desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del
mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi desprendimiento. Mis
enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más
sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis
perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los
perdono.
Al desaparecer de en medio de vosotros, mi
cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos.
No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis
trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos obedeciendo al
actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del
santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su
espada en defender las garantías sociales.
¡Colombianos! Mis últimos votos son por
la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los
partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.
Hacienda de San Pedro, en Santa Marta, a 10
de diciembre de 1830
Simón Bolívar |